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Veneciana de madera oscura filtrando la luz junto a la contraventana de un edificio antiguo

Persianas de aluminio, PVC o madera: cuál elegir

Los tres materiales sirven, pero no para lo mismo. Lo que decide no es el gusto: es el ancho del hueco, la orientación de la fachada y cuánto mantenimiento estás dispuesto a hacer.

  • Materiales · 7 min de lectura
  • Actualizado el 6 de agosto de 2026
  • Escrito por quien repara persianas a diario

La respuesta corta, si tienes prisa

PVC para ventanas de hasta metro y medio en orientación norte o a patio, y para presupuestos ajustados. Aluminio inyectado para huecos anchos, fachadas a sur y poniente, viviendas con ruido de calle y cualquier persiana que vayas a motorizar. Madera cuando la fachada lo exige por normativa o cuando quieres mantener el carácter de un edificio antiguo, asumiendo su mantenimiento.

Es el criterio que aplicamos cada semana como persianista en Burgos. El resto del artículo explica por qué, criterio a criterio, para que puedas decidir tu caso concreto en lugar de fiarte de una regla general.

Los tres materiales, enfrentados

Una vista rápida antes de entrar en detalle. Los pesos son por metro cuadrado de persiana montada y los precios, de partida por hueco de vivienda estándar.

Comparativa de los tres materiales en persiana de vivienda
CriterioAluminio PVCMadera
Peso por m²4 a 5 kg2 a 3 kg6 a 9 kg
Aislamiento térmicoAlto, con lama inyectadaBajo, lama huecaMedio-alto, por masa
Comportamiento al solNo cristalizaCristaliza a los 12-15 años a ponienteNecesita lasur periódico
Ancho máximo recomendadoSin límite práctico en viviendaHasta 1,50 mSegún fabricación, a medida
MantenimientoLimpieza de guíasLimpieza de guíasLasur cada 4-6 años
Reparable por piezasLama a lamaLama a lamaSí, listones y cordones
Precio de partida por hueco195 € + IVA (235,95 € IVA incl.)120 € + IVA (145,20 € IVA incl.)260 € + IVA (314,60 € IVA incl.)

Aislamiento: la lama inyectada lo cambia todo

La diferencia real no está tanto entre materiales como entre lama hueca y lama rellena. Una lama de aluminio no es una chapa doblada: es un perfil extruido que en fábrica se rellena a presión con espuma de poliuretano. Esa espuma corta el puente térmico entre la cara exterior y la interior, y ahí es donde se nota.

El PVC de vivienda es hueco. Aísla algo por el simple hecho de tapar el hueco, pero no hay barrera térmica dentro. La madera aísla por masa: el listón macizo es un mal conductor y se comporta bastante bien, aunque en alicantina se pierde parte de la ventaja porque deja pasar aire entre listones por diseño.

Hay un matiz que se olvida siempre: de poco sirve una lama excelente si el cajón es una caja sin aislar por la que entra el aire. En muchas viviendas, aislar el cajón por dentro aporta más que subir de gama de lama.

Persiana de aluminio lacada en gris antracita recogida sobre la ventana oscura de un unifamiliar en Burgos
La inyección de la lama es lo que separa a los tres materiales.

Ruido: el que entra y el que hace

Si el problema es el tráfico o una calle ruidosa, el aluminio inyectado marca una diferencia perceptible: la masa de la espuma amortigua. El PVC hueco resta poco y la madera maciza se comporta bien, aunque una alicantina no cierra del todo y por ahí sigue entrando sonido.

Y está el ruido que hace la propia persiana. Una lama hueca vibra con el viento y suena a cascabel; una rellena no. Ese detalle, que nadie pregunta en la tienda, es el que más se agradece en un dormitorio con fachada expuesta.

Conviene ajustar expectativas: ninguna persiana insonoriza una ventana. La barrera acústica seria es el vidrio y la carpintería; la persiana suma algo, y lo suma sobre todo cortando el paso de aire, que es por donde el sonido viaja mejor. Por eso, en una ventana ruidosa, sellar la ranura de la cinta y ajustar el cajón hace tanto como subir de gama de lama.

Peso: lo que sufre el mecanismo

El PVC ronda los 2 o 3 kilos por metro cuadrado, el aluminio inyectado entre 4 y 5, y la madera entre 6 y 9. No es un dato menor: el peso es lo que castiga cinta, tambor, polea y recogedor, y lo que decide qué motor hace falta si algún día la automatizas.

Una persiana de PVC ligera puede montarse sobre un mecanismo antiguo sin problema. Una de madera en el mismo hueco exige revisar el eje, las grapas y el recogedor, porque el conjunto pesa el triple. Cuando se sustituye material sin revisar mecanismo es cuando aparecen las persianas descolgadas al año siguiente.

Durabilidad y orientación de la fachada

Aquí es donde el PVC tiene su punto débil. La radiación ultravioleta cristaliza la lama: en una fachada a poniente, a partir de los doce o quince años empieza a partirse sola al subir. No es un defecto de fabricación, es la vida útil del material en esa orientación. En norte o en patio interior, en cambio, pasa de los veinte años sin problema.

El aluminio no cristaliza. Después de quince inviernos de heladas y tardes de sol, la lama sigue entera; dilata algo más con el calor, pero el juego de las guías absorbe esa dilatación. La madera dura décadas si se mantiene, y se degrada rápido si no: absorbe agua, se hincha y deja de correr por la guía.

El otro factor de durabilidad es el ancho. Por encima de metro y medio, la lama ligera coge flecha —se comba por el centro—, roza en las guías y acaba saliéndose. Ahí no hay marca que valga: es física.

Lamas horizontales de madera de pino separadas entre sí, como en las persianas de madera tipo celosía
La orientación de la fachada decide más que la marca de la persiana.

Mantenimiento: lo que hay que aceptar

El aluminio y el PVC no piden más que limpiar las guías una vez al año y limpiar la persiana por fuera de vez en cuando. La madera exterior necesita una mano de lasur cada cuatro o seis años en fachadas expuestas, y ese no es un capricho estético: sin tratamiento el listón absorbe humedad y deja de deslizar.

A cambio, la madera tiene una ventaja que los otros dos no tienen: se repara pieza a pieza. Cuando fallan los cordones o un par de listones se sustituyen esos y no el conjunto entero, algo imposible en una lama continua de PVC o aluminio.

Un matiz sobre el color, que decide más de lo que parece: los tonos oscuros trabajan más. Una lama marrón o antracita a poniente puede superar los 60 °C de superficie en agosto, y esa temperatura acelera la degradación del PVC y la dilatación del aluminio.

No es motivo para descartar un color, pero sí para que en fachada muy expuesta el oscuro se monte en aluminio y no en plástico.

Precio: la diferencia se multiplica por dos

Entre el material más económico y el más caro de esta comparativa la diferencia de partida es de más del doble por hueco. Puesto en contexto: en una ventana de patio interior donde el material no aporta nada, gastar de más no mejora la casa; en el ventanal del salón a poniente, ahorrar sale caro a los diez años.

En una ventana de patio interior, gastar de más no mejora la casa. En el ventanal del salón a poniente, ahorrar sale caro a los diez años.

Cómo se reparte el presupuesto cuando se cambian todos los huecos

La forma sensata de repartir el presupuesto en una vivienda completa es no unificar por inercia: aluminio en los huecos grandes y expuestos, PVC en los pequeños y protegidos. Eso sí, conviene mantener el mismo color en fachada para que el conjunto no cante.

Y al comparar presupuestos, mira qué entra en cada cifra. Dos precios muy distintos por «una persiana de aluminio» suelen esconder tres diferencias: el espesor de lama (39, 45 o 55 mm), si el eje y las guías son nuevos o se reaprovechan, y si el montaje incluye retirada del conjunto viejo. Sin esos tres datos, comparar cifras no significa nada.

Qué elegir según tu hueco

Ventana de dormitorio o patio, orientación norte, hasta metro y medio: la opción sensata es PVC de densidad alta. Cumple igual que un material más caro y castiga menos el mecanismo.

Ventanal de salón, puerta de terraza, fachada a sur o poniente, o persiana que vas a motorizar: aluminio con lama inyectada. Es el único que aguanta el ancho sin combarse y el sol sin degradarse.

Edificio protegido, casco histórico o carpintería de madera que manda en el conjunto: madera o alicantina a medida, asumiendo el mantenimiento periódico.

Si tu hueco no encaja en ninguno de los tres —arcos, miradores, ventanas fuera de escuadra—, el material es lo de menos y lo que decide es la fabricación a medida.

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